domingo, 26 de diciembre de 2010

Senegal IV: Saint Louis

Esta entrada os contará qué actividades realizar en Saint Louis. Un tema a tener en cuenta a la hora de visitar Saint Louis es comprobar si es la época adecuada, por meteorología desaconsejo viajar en verano (de Julio-Agosto-Septiembre), hace demasiado calor. Durante el pleno invierno (Noviembre-Febrero) Senegal presenta un clima atractivo, con calor para tostarte al sol sin que los mosquitos te molesten demasiado.

Otro dato a tener en cuenta es que en Saint Louis y en Senegal hay mucha vida cultural, en Saint Louis especialmente ligada a la música. Por ejemplo, este año sería fantástico poder ir a principios de Junio porque es el Festival de Jazz de Saint Louis.

Pasear por Saint Louis es una pequeña aventura, hay un museo interesante que relata la historia del primer aviador que cruzó desde Senegal a América del Sur (Brasil) que se llamaba Mermoz y que es un personaje ligado a esta ciudad. La compañía aeropostal marcó un poco el carácter de esta ciuidad y la ancló en aquel pasado próspero del que hoy sólo tenemos un hermoso recuerdo. Tomar un cóctel en el Flamingo, disfrutar de un día de playa en la Langue y visitar el barrio de pescadores son tres de las actividades que recomendaría de Saint Louis.

El Flamingo es un bar con piscina que hay junto al río Senegal y que no tiene nada especial a excepción de su magnífica localización que te permite tomar un cóctel viendo el maravilloso puente de hierro que cruza el río hasta Saint Louis.

Es interesante tomar un taxi en Saint Louis y que te lleve a uno de los hoteles de la Langue de Barbarie para pasar el día en la playa y disfrutando de la piscina, sin más presión que decidir cuándo irás a comer o cuándo volverás a la ciudad. En invierno suele haber poquísima gente y están encantados de recibir visitantes que no estén alojados en el hotel.

En la imagen, la salida al mar del Hotel Cap Saint Louis que además tiene una piscina magnífica y un restaurante donde se puede comer pescado a buen precio.


Otras visitas más placenteras serán un masaje en el spa de la Maison Rose y, por supuesto, ir a cenar al Siki.

Comprar artesanía en Saint Louis es casi obligado por dos motivos, favoreces la subsistencia de mucha gente a cambio de nada y te llevas a casa objetos realmente preciosos a un precio irrisorio. Así que recomiendo visitar cualquier tienda, hay muchas, que salga a nuestro paso durante las caminatas por Saint Louis. Los Senegaleses son buenos, muy buenos costureros, las telas son de un colorido a veces excesivo, pero en general elegante, la mujer senegalesa merece un apartado especial, nunca en mi vida había visto una elegancia natural tan manifiesta, estoy impresionada. Intenté comprar algo de ropa para parecerme algo a ellas, pero definitivamente no se puede imitar su porte.

Datos prácticos

Flamingo

Rue Bisson.Saint Louis, Senegal
Hotel Cap St. Louis

Hydrobase
Tél.: (+ 221) 33 961 39 39
Fax: (+ 221) 33 961 39 09











Senegal III: Saint Louis y el Siki

(Entrada dedicada al desayuno en el Hotel Siki, un placer difícil de olvidar)

Desayunar a las 9 en el Siki puede ser una experiencia inolvidable. Las habitaciones y zonas comunes del Siki siguen siendo una casa colonial, las telas africanas y las máscaras que Jai ha ido comprando y poniendo con cariño en el local le confieren un aire local que hace que estés siempre situado. No es como esos lugares anodinos e internacionales que hacen que olvides en qué país estás, es simple y llanamente un trocito de Saint Louis.  Sólo una cosa te saca de esa atmósfera Senegalesa, las cartas colgadas en la pared. Unas cartas de pizarra de madera, escritas a tiza que muestran una gastronomía atractiva para el viajero que no termina de adaptarse a la rica cocina senegalesa. Allí, en esas cartas, percibimos cuando entramos a tomar un café, que había españoles en la sala. Pulpo a la gallega, tortilla de patatas, paella, calamares,…así, todo expresado en nuestra lengua materna a pesar de que nadie en Saint Louis sabe qué significa.

Volvamos al desayuno, en una mesa grande, yo sola junto a mi portátil, el sol entra por las ventanas y alguien trabaja en alguna otra mesa. Una camarera me prepara un delicioso desayuno, mientras yo preparo el escenario para comprobar mi e-mail, revisar las noticias y, probablemente, trabajar en alguna cosa. Poco a poco el local, con acceso directo a la calle, se va llenando de gente, en realidad no se llena, porque las gentes llegan de una en una, es como si su propia dinámica facilitara tu aprendizaje, porque eso es lo que es al fin y al cabo, no estoy desayunando, estoy aprendiendo a marchas forzadas cosas sobre el país.

Un hombre negro, alto, altísimo y joven, muy joven entra en el local, intercambia dinero con alguien que le estaba esperando, quizá le habría llamado con anterioridad. Me mira con complicidad y me explica, “da un mejor cambio que el banco”. Ambos se despiden, en Senegal siempre se saluda con la mano, tanto en el comienzo como en la despedida, son afectivos y cercanos, sin la asepsia de los europeos, la comunicación es mucho más directa.

Otra vez el local vuelve a estar semivacío, hasta que una pareja de cooperantes españoles entra y ruidosamente, haciendo gala de su origen, charlan con los que encuentran a su paso. Te permiten aprender que hay mucha gente trabajando en cooperación, ingenieros, maestros, doctores, gente que trabaja en las obras que el gobierno español financia para evitar que las pateras salgan al mar. Pero todos se van, el restaurante del Siki, como todos los hoteles, es un sitio de paso, excepto para mí que disfruto la mañana observando y aprendiendo. Una señora mayor entra y saluda, también en español, el Siki es un punto de encuentro, la eterna amabilidad de Jai hace que todo el mundo venga y se quede un rato. La señora cuenta, “me vine a ayudar a esta gente, que lo necesita y mucho”, me da que pensar, no es una historia aislada, gente que huye de una vida cómoda y se viene a Senegal a echar una mano, “yo ya lo he hecho todo en la vida, al menos que lo próximo que haga sirva para algo”.

Pero también se va y deja paso a los funcionarios del ayuntamiento, que vienen a inspeccionar. En Senegal los establecimientos regentados por senegaleses se ven menos afectados por las normas de calidad y las inspecciones que los regentados por extranjeros, pero es normal, hay muy pocos senegaleses que puedan hacer frente a negocios como hoteles, tiendas, etc. Son negocios muy distintos, ellos abren pequeñas tienducas de souvenirs, etc. y el gobierno no les molesta en absoluto. Es palpable porque los niveles de calidad de unos y otros son muy diferentes. Aunque, nos cuentan, no es la misma corrupción que en algunos lugares de Sudamérica, sí que muchos inspectores encuentran algún modo extra de supervivencia de sus visitas.

Así cientos de historias confluyen en ese bar-restaurante de ese magnífico hotel, gracias Jai por tu atención y por tu cariño.